Carta de José Salvany #1
| Estado | Transcrito |
|---|---|
| Fecha | |
| Folio | 1319 - 1321 |
| From (remitente) | José Salvany |
| Place | Lima |
| To (destinatario) | José Antonio Caballero - Ministro de Gracia y Justicia |
[1319]
Excelentísimo Señor
Me parece que injustamente se me daría el glorioso nombre de filántropo, y que no sería digno de la confianza que he merecido del soberano en dignarse nombrarme para un asunto tan importante como es el de procurar la felicidad de estos sus vasallos, libertándolos del más implacable azote de viruelas que continuamente les aflige, desfigurando e inutilizando a unos, quitando la vida a otros, asolando con frecuencia provincias enteras con grave perjuicio de la religión y del estado, sino elevara a la superior noticia de Vuestra Excelencia los justos sentimientos que acompañan a mi humanismo y patriótico corazón debidos al poco interés o cuidado con que se mira la conservación y sucesiva propagación del maravilloso específico de la vacuna.
Sí Excelentísimo Señor: a pesar de estar convencidos los habitantes de estos reinos sobre las excelentes virtudes de ella, y de confesar que es debido a las viruelas el atraso que sufren las ciencias, milicia, agricultura, comercio, artes, e industria, cuyos interesantes ramos además de hacer muy respetables a estas colonias de las naciones extranjeras, [1319v] formarían su riqueza, han casi olvidado la conservación del dicho antídoto. En muy pocas poblaciones se conserva, y aún en estas se halla estancado en su recinto, no cuidando de propagarlo al infeliz indio campesino con todo de ser el individuo más necesario en esta sociedad, y el más digno de compasión cuando contagiado por la maligna viruela.
En aquellos parajes en quienes es más urgente el aumento de población: en los que ejerce la viruela su más atroz imperio; y en quienes más he procurado que se perpetuara, la han dejado perder, como ha sucedido en las provincias inmediatas a la costa. Los planes que al intento he presentado: los oficios que a los jefes y cabildos he remitido al objeto de conservar siempre fresco el fluido: la generosidad de nuestro piadoso soberano en haberlo enviado a tan remotos climas, impendiendo crecidas sumas en el tiempo de las mayores urgencias de la corona, no bastan para mover a que se vaya sucesivamente propagando en lo más interior y remoto de todas las provincias. Contemplo con bastante dolor mío, y sin poderlo remediar por la inacción que reina en unos, y cavilaciones e intrigas de otros, que en varios puntos de los que ha recorrido la expedición reina en el día el contagio de viruelas: tales son las provincias de Piura, Zaña, [1320] Trujillo, y Santa, en las que según noticias fidedignas mueren diariamente trece o catorce individuos. ¡Infelices americanos que después que vuestro piadoso Rey ha querido convenceros por medio de la acción más benéfica y generosa de los efectos de su paternal cariño, sois víctimas sacrificadas a la orgullosa indolencia de vuestros más elevados compatriotas!
Por más que he discurrido no puedo atinar con el principal origen de tanta indolencia, conozco que no es remediable por un solo jefe o primer magistrado en atención a las distancias de las poblaciones y de los varios asuntos que se le ofrecen; pero respecto de lo que me ha acreditado la experiencia en lo mucho que he viajado, me atrevo a proponer a Vuestra Excelencia que mientras no se mande con una orden la más severa el que se ejecute en toda América cuanto insinúo en el plan presentado al Señor Marqués de Avilés, y el que acompaño a Vuestra Excelencia junto con el Decreto de Obedecimiento que proveyó este ex Virrey del Perú, y cual parece ha ya alterado el nuevo gobierno, no se conservará en manera alguna el beneficio de la vacunación, y si se conserva estoy seguro que no se propagará fuera de las capitales, que es lo que principalmente debe desearse respecto a la mucha falta de población.
Igualmente discurro por muy necesario el que se cree una plaza de Inspector o Director general de Vacuna, que [1320v] cele con la mayor escrupulosidad sobre lo prevenido en el citado plan, y que represente al soberano y a los virreyes cuanto dejare de efectuarse. Si acaso este mi parecer en favor de la humanidad fuese de la aprobación de Vuestra Excelencia y mereciese ser elevado a la alta noticia del monarca, tengo por indispensable que el sujeto que se destinare para la dicha plaza se premie con la dotación de doce a catorce mil pesos anuales, para que no haya de vivir bajo el pesado yugo de la lisonja y adulación tan común en este país. En las actuales circunstancias de la corona parecerá muy exagerada esta mi propuesta; pero si con madurez se atiende que en estos reinos el hombre aunque de mucho mérito, si está algo necesitado, se atrae un general desprecio, y que solo se respeta y sacrifica a la ostentación o falso brillo, no mereceré la menor reprensión; muy al contrario se apoyará mi súplica, concediendo al individuo que tuviere la dicha de ser condecorado con tan interesante plaza los honores del supremo Consejo de Indias. Con esto todos lo respetarán, se atraerá las amistades de todos, y principalmente de los cabildos, de quienes únicamente pende el cumplimiento de las paternales intenciones de mi amado soberano, y el consuelo de estos sus fidelísimos vasallos.
Al dicho Inspector, o Director deberán las tres principales Juntas Centrales de Vacuna, a saber Perú, Buenos Aires, y Nueva Granada, informarle cada bimestre [1321] de lo menor que efectuaren tanto ellas, como las demás subalternas; y para no ser engañado juzgo útil que posea este conocimientos topográficos de los reinos supradichos, que de este modo le será fácil representar, y hacer que se propague el antídoto en todas las poblaciones.
Será de su obligación visitar a lo menos cada trienio uno de los tres reinos para informarse personalmente de lo que le hubieren noticiado las Juntas Centrales. Por el justo temor que esta visita ocasionará a los cabildos, y a los individuos nombrados para las Juntas, creo que se propagará en toda población el maravilloso específico.
Para que el referido Inspector o Director pueda llenar sus obligaciones, y cumplir con las piadosas intenciones del soberano debe mandarse a los virreyes, tribunales de fuerza, comandantes generales, Intendentes, y gobernadores que le protejan y auxilien en todos los asuntos pertenecientes a su comisión.
Al Inspector, o Director debe abonársele, además de la insinuada dotación y honores, la correspondencia oficiosa; de cuyos gastos se reintegrará fácilmente el Real Erario con solo el aumento de tributos, y alcabalas, prescindiendo del gran servicio que de ellos se sigue a Dios y al Rey, confiriéndose la citada plaza a un sujeto dotado de patriotismo, y de beneficencia.
[1321v] Este es el único medio Señor Excelentísimo que discurro adecuado para la conservación y general propagación del maravilloso específico. Vuestra Excelencia que por tantos títulos merece el de un verdadero padre y protector de cuantos tienen la dicha de ser vasallos del gran Carlos IV, inmortalizará su glorioso nombre en los fastos de la posteridad, si por su parte contribuye a poner en ejecución mi insinuado dictamen, del que a más de las ventajas que con él se atraerá la religión y el estado, se granjeará la patria infinitos brazos necesarios para su protección y defensa.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años
Lima 1° de octubre de 1806.
Excelentísimo Señor
Josef Salvany
Excelentísimo Señor Don Antonio Caballero, secretario de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia, etcétera